Synopsis

Primer acto: En las horas de la madrugada, poco antes del amanecer, el conde Almaviva le lleva serenata a una joven y hermosa mujer. No sabe su nombre, pero tiene esperanzas de que ella lo note. Al no obtener ninguna respuesta, se comienza a desesperar. De pronto, escucha a un hombre que canta para sí mismo y al instante Almaviva se topa con Fígaro, el barbero del pueblo. Fígaro se sorprende de ver al conde tan de mañana y tan lejos de su casa. Almaviva le cuenta que está allí con intenciones de obtener la mano de la joven y hermosa mujer que vive con su padre, un médico. Fígaro se sonríe.

Fígaro le dice a Almaviva que él puede ayudarlo en su intento, ya que él (Fígaro) es, en esa casa, barbero, jardinero, cirujano, fabricante de pelucas y más. También le comunica a Almaviva que el hombre que él toma por padre de la joven es en realidad su tutor. En esos momentos, Don Bartolo se acerca a la ventana y lo escuchan cuando dice que está por salir y que si Don Basilio llega que lo hagan esperar. Don Bartolo desea casarse cuanto antes con la joven, cuyo nombre es Rosina. Fígaro le dice a Almaviva que Basilio es un mezquino casamentero pero también el maestro de música de Rosina. Almaviva hace un trato con Fígaro para que lo ayude a entrar a casa de Rosina. Fígaro le dice que lo busque en su barbería para hacerse de un disfraz.

Mientras tanto, Rosina se encuentra en su habitación. Se ha dado cuenta de la presencia del joven en su ventana y está decidida a frustrar las intenciones del Dr. Bartolo para con ella. También está dispuesta a hacer llegar una nota al apuesto joven a quien ella sólo conoce por Lindoro. Ella notó que Fígaro también estaba allí y sabe perfectamente que si alguien puede ayudarle es él, Fígaro.

En las habitaciones de abajo, Bartolo y Basilio se encuentran fraguando planes. De alguna forma se enteraron que Almaviva andaba rondando y que también tenía intenciones de casarse con Rosina. Quieren encontrar alguna forma de deshacerse de él; tal vez lo mejor sea divulgar un rumor repugnante sobre él, pero Bartolo piensa que eso requiere mucho tiempo. Lo que necesitan hacer es formular un acta de matrimonio y firmarla ese mismo día. Ninguno de los dos se da cuenta que Fígaro está afuera enterándose de toda la conversación. Al instante Fígaro decide lo que él debe hacer.

Fígaro se escurre a la habitación de Rosina y le dice que Bartolo planea casarse con ella. Rosina se ríe y le dice que debe estar loco; luego indaga sobre el joven y atractivo galán que estaba con Fígaro antes. Fígaro le explica que se trata de Lindoro, un primo suyo y un pobre estudiante que está enamorado de ella. La noticia la emociona y ansía conocerlo. Fígaro le dice que si ella le envía una nota, el joven vendrá a verla. Rosina escribe la nota y Fígaro se la lleva.

Instantes después, Bartolo entra de golpe a la habitación de Rosina queriendo saber qué hacía Fígaro allí. Ella le dice que sólo conversaban de cosas triviales y Bartolo se burla. Él sabe perfectamente que ella se trama algo ¡cómo se atreve a tomarle el pelo a un médico de tanta categoría! Él observa que hay menos papel y concluye que ella ha escrito una nota. Entonces jura que la va a mantener bajo arresto domiciliario.

En ese momento, un policía toca la puerta y entra. El policía no es otro que Almaviva disfrazado. Él principia por desquiciar a Bartolo, primero porque pronuncia mal su nombre y luego porque se pone a hurgar por todos lados en busca de una orden de registro. Bartolo quiere echarlo fuera, pero lo que Almaviva desea es ver a Rosina y sólo hace por dónde ganar tiempo. Finalmente aparece Rosina y capta el ardid. Bartolo trata de echar por la fuerza a Almaviva, pero éste lo reta a pelear. Bartolo ve cuando Almaviva le pasa una nota a Rosina y, seguro de que es algo de sospechar, exige leer la nota. Rosina, rápidamente, cambia los pedazos de papel y cuando Bartolo agarra la nota, lo que ve es una lista de lavandería. Perplejo, Bartolo está convencido de que algo anda mal, pero no puede probar nada, mientras que Rosina y Almaviva se ríen a sus espaldas. Se sigue una tremenda discusión y Rosina comienza a llorar, quejándose de que su vida es una prisión. Mientras saca la pistola, Almaviva le exige a Bartolo que se vaya y se enfrentan a gritos. Fígaro irrumpe, diciendo que los gritos se oyen por todo el pueblo. Trata de calmarlos, pero Almaviva y Bartolo no pueden dejar de insultarse.

Se escucha un fuerte golpe a la puerta. Entra un verdadero policía, pero como todo mundo trata de explicar al mismo tiempo lo que pasó, no logran darse a entender. Bartolo piensa que el policía va a arrestar a Almaviva, pero el policía se va sin él y todo vuelve al caos.

Segundo acto: Bartolo habla entre dientes, preguntándose quién es el policía -nadie parece saber quién es. Bartolo sospecha que el policía es un espía contratado por Almaviva. Un toque a la puerta interrumpe sus pensamientos. Aparece un joven que a Bartolo le parece haber visto antes pero que no consigue ubicar. Se presenta como Don Alonso, un maestro de música y estudiante de Don Basilio. Alonso explica que Don Basilio está enfermo y que no puede dar la lección a Rosina, por lo que él vino en su lugar.

"Don Alonso" le dice a Bartolo que Rosina ha sido engañada por alguien que se llama conde Almaviva y muestra la carta de Rosina como prueba. Pide permiso de hablar con Rosina en persona para darle las noticias. Bartolo, conmovido, accede porque cree que este debe ser el repugnante rumor que Basilio planeaba divulgar sobre Almaviva. Va en busca de Rosina y ésta reconoce a Lindoro disfrazado; los dos se disponen a llevar a cabo la lección de música mientras que Bartolo dormita en una silla. Rosina y su maestro se coquetean durante la lección.

Al fin de la lección llega Fígaro. Bartolo le frunce el ceño y exige que explique su presencia allí. Fígaro le responde que es hora de afeitarlo. Bartolo, de mala gana, le da a Fígaro las llaves del gabinete de la navajas de afeitar y las toallas. A hurtadillas, Fígaro extrae una importante llave del llavero.

Inesperadamente, entra Don Basilio. Todos están disgustados, pero por diferentes causas. Sagazmente, Fígaro y Almaviva convencen a Don Basilio de que está gravemente enfermo de escarlatina y que debe volver a cama inmediatamente. Basilio sale, desconcertado.

Fígaro comienza a afeitar a Bartolo mientras que Almaviva y Rosina fingen que continúan la lección de música. Almaviva le dice a Rosina que Fígaro tiene la llave de su ventana y que a medianoche ambos estarán allí para ayudarle a escapar. Le explica que para que el disfraz en el que estaba cumpliera su cometido, él le había mostrado su carta a Don Bartolo para poder engañarlo. Bartolo escucha parte de la conversación y se lanza sobre ellos, vociferando que lo sabe todo y echando fuera a empujones a Fígaro y a Almaviva. Después, Bartolo manda llamar a Don Basilio y confirma que Don Alonso es un impostor. Los dos concluyen que Alonso es Almaviva y se disponen a hacer los arreglos necesarios para que Bartolo se case rápidamente con Rosina. Basilio sale en busca de un juez y Bartolo se propone frustrar cualesquier plan que Fígaro y Almaviva puedan haber ideado para secuestrar a Rosina.

Bartolo hace creer a Rosina que Lindoro ha jugado con sus sentimientos. Le muestra la carta que ella le había enviado a Lindoro (que es en realidad Almaviva, pero Rosina no lo sabe). Bartolo le dice que Lindoro sólo quiere secuestrarla para llevarla a Almaviva. Sintiéndose traicionada, Rosina jura vengarse y declara que se casará rápidamente con Bartolo, antes de la medianoche. Bartolo le ordena que se encierre en su habitación.

Es una noche obscura y tempestuosa, pero Fígaro y Almaviva se las arreglan para llegar a la ventana de Rosina por una escalera. Ambos suben y entran a su habitación. Rosina entra, los ve y, furiosa, desea echarlos fuera. Almaviva revela su verdadera identidad, diciéndole que Lindoro no existe. Encantados, Rosina y Almaviva se lanzan uno en brazos del otro. En tanto que planean escaparse por la ventana, descubren que la escalera ya no está en su lugar. Basilio está afuera y él se ha llevado la escalera.

Llega el juez y se dirige a Fígaro. Éste le pregunta si está listo para oficiar el matrimonio del conde Almaviva con Rosina. Basilio, todavía incrédulo, se ve forzado a ser el testigo de la boda y ésta se lleva a cabo sin demora. Bartolo vuelve acompañado de un policía y a gritos exige el arresto de Fígaro y de Almaviva. Cuando Almaviva revela su verdadera identidad, Bartolo se dá por vencido. Fígaro les dice que a él le encantan los finales felices; todos los planes se realizaron exitosamente. Fígaro, el conde y Rosina celebran su buena ventura.



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